Bueno, se confirma, nos vamos a pasar año nuevo a Sierra de la Ventana. Salimos mañana a la mañana y (se supone que) volvemos el lunes.
Feliz año nuevo para todos, que empiecen bien el año, no beban y conduzcan, etc. Nos vemos a la vuelta.
Pasan los dÃas pero sigo en lo mismo, a full
con el departamento. Ni siquiera vi a todos mis amigos, y a los que và los vi una noche y nada más. Tampoco paseé demasiado... pero bueno, la verdad es que hasta que no esté listo el departamento no podemos instalarnos; estamos de paso en la casa de Geral, donde el lugar para nosotros sobra, pero no el lugar para nuestras cosas. No me puedo quejar porque nos tratan de maravilla, pero para empezar realmente otra vez necesito mi lugar; poder armar mi PC, tener la ropa acomodada y a mano (en vez de en las valijas), tener un teléfono fijo y esas cosas.
En fin. La obra va bastante bien. Se supone que mi parte (la pintura) terminarÃa a mediados de esta semana, y solamente faltarÃan algunas cosas eléctricas, colocar accesorios (lo que está haciendo mi tÃo) y después de eso pulir los pisos de madera; claro, sin contar que falta comprar muebles y electrodomésticos a granel...
En fin, para descansar un poco, parece que nos vamos a pasar año nuevo a Sierra de La Ventana (sur de la provincia de Buenos Aires). Cuando encuentre el cable de la cámara (¿dónde mierda lo habré puesto? ¿me lo habré dejado?) subo alguna foto.
En mi primera semana de vuelta a Buenos Aires me estoy reencontrando con muchas cosas; entre ellas con la comida. Hay muchas cosas que no como hace tres años, y otras que no son lo mismo.
Esta semana me toca ponerme a laburar en el departamento en el que vamos a vivir. Desde un par de meses antes de llegar está en obra arreglando pisos, caños, electricidad y prácticamente todo, y ahora nos quedan un montón de detalles y pintar todo. Espero quemar unas cuantas calorÃas, porque sino voy a terminar el verano rodando.
Y eso que todavÃa me queda toda una gama de cosas por meterme. Por ejemplo, ahora me comerÃa un buen helado de sambayón...
Salimos desde Torrevieja a las 5 de la mañana y llegamos al aeropuerto de Alicante alrededor de las 6. Después de envolver las valijas con el plástico que ponen en el aeropuerto fuimos a despacharlas. Obviamente tenÃamos un exceso de equipaje, aunque por teléfono nos habÃan dicho que más o menos entre los dos podÃamos llevar 80 kilos más el equipaje de mano, el lÃmite resultó ser de 60 kilos. Quisimos llevarnos la valija chiquita encima pero no nos dejaron por el tamaño. O sea que tenÃamos como 30 kilos de más. Y cada kilo extra nos lo cobraban 16 euros. Nos quejamos un poco y la mina de Spanair nos dijo que podÃa cobrarnos solamente 20, pero era una bestialidad. Llegamos al estado de malhumor completo y me puse a putear a la empresa y al servicio, hasta que la mina nos dijo que nos cobraba solamente 10 kilos. Y como en ese momento no tenÃamos ninguna otra opción más que dejar todo ahà para que los amigos que nos habÃan llegado intentasen mandarlo por correo o algo asÃ, complicándoles la vida y gastando más guita, terminamos por pagar 160 euros de exceso.
El vuelo de Alicante a Madrid fue rápido, casi como un viaje desde capital a provincia en el 45, con el pasillo más angosto y menos sacudidas y bocinazos. Lo único a destacar fue el despegue: o la pista era muy corta o esos aviones despegan asÃ, la cosa es que fue bastante brusco, y daba un poco de impresión atravesar la tormenta a casi 45 grados.
Llegamos a Madrid alrededor de las 8:30. Bajamos del avión y nos pusimos a dar vueltas por el aeropuerto. Lo primero que notamos fue el aviso por megafonÃa de que ya no hacÃan más avisos por megafonÃa (paradojas del primer mundo), asà que la única forma de enterarte por que puerta salÃa tu vuelo era mirar por las pantallas. El problema es que el aeropuerto es enorme, y las pantallas solamente mostraban los vuelos dentro del sector en el que estaban. Preguntamos en un mostrador de información por nuestro vuelo, que salÃa a las 15:30, y aunque no habÃa nada que lo indicase, el mostrador era de Iberia, por lo que la (extremadamente amable) empleada nos mandó a la mierda. Más tarde nos encontramos con otro mostrador, en el que nos dijeron que el vuelo podÃa salir por el sector A o por el B (cada uno con alrededor de 20 puertas distintas) y que la puerta definitiva iba a aparecer en las pantallas media hora antes del embarque. Nos resignamos a pasarnos la mañana dando vueltas. Hicimos el desayuno más caro de nuestras vidas, paseamos por ahÃ, compramos un par de revistas para pasar el rato, paseamos más, nos sentamos a leer un poco, paseamos más, nos pusimos a mirar por la ventana y a contar los camiones con valijas, comimos el almuerzo más caro de nuestras vidas, dimos otra vuelta más, y a las 6 horas de estar dando vueltas, cuando ya empezaba a sentirme Tom Hanks, encontramos una pantalla en la que aparecÃa nuestro vuelo. Nos acercamos a la puerta y estuvimos una hora viendo como otros vuelos se atrasaban y el nuestro iba cambiando de puertas. Comprobamos que las empresas hacÃan avisos por megafonÃa desde su mostrador, pero solamente se escuchaban si estabas por ahÃ; por lo que cada vez que llamaban a alguna persona para darle el último aviso para embarcar me preguntaba donde mierda andarÃa el pobre idiota, probablemente sentado tranquilo en la puerta siguiente, a casi 100 metros, sin enterarse de nada. En todos los casos el último aviso resultaba ser al menos 10 avisos, y los vuelos seguÃan sin salir y el nuestro atrasándose.
Por fin nos llamaron a embarcar y nos llevaron en un micro hasta el medio de la pista, donde estaba nuestro avión. Subimos, tuve que echar a una vieja que se habÃa apoderado de mi asiento (se confundió 53K con 85K la pobre... es que es tan parecido...) y nos dispusimos a viajar 10.000 kilómetros sin mover el culo. No puedo decir que el viaje haya sido bueno, porque para mà fue una tortura... 12 horas sentado, hasta llegar al momento en que uno deja de sentir el culo. Casi no pude dormir, asà que me la pasé leyendo mientras hacÃa malabares para que la guitarra no se fuese a la mierda. Comà carne (o eso me dijeron) y tomé de nuevo la Coca-Cola argentina, que es un poco diferente, pero solo unos pocos privilegiados (o enfermos) podemos distinguirlo.
A las 00:10 del sábado (4:10 en España) aterrizamos por fin, bajamos del avión y me pasé por el Duty Free a comprar un cartón de Gitanes. Nuestras valijas tardaron menos de lo que esperábamos y tuvimos que ponernos en la cola del control, donde aparentemente te hacÃan pasar y elegÃan al azar una valija para pasar por los rayos X. Cuando pasó la mÃa me llamaron a un costado, el pibe me dijo que habÃan visto algo redondo y me preguntó si habÃa traÃdo algún queso. Tuve que abrirla y dar vuelta todo para mostrarle que no habÃa ni queso ni nada redondo adentro, salvo un par de CDs (hay que ser gil para confundir un CD con un queso). Después de mi pequeño incidente aduanero, al fin salimos del aeropuerto y nos reencontramos con nuestras familias.
Desde esa noche estamos parando en lo de Geral hasta que nos instalemos definitivamente en el departamento que vamos a alquilarle a mi vieja, que todavÃa está en obra y faltan un par de cosas por terminar.
TodavÃa estoy acostumbrándome al cambio de clima (estornudando como poseÃdo) y casi estoy acostumbrado a la diferencia horaria. De a poco voy encontrándome de nuevo con la ciudad y la gente, pero creo que todavÃa me falta un tiempo para sentirme del todo ubicado. De momento mi único acceso a internet es el dial-up de la casa de Geral, dónde están hace un mes y pico a la espera de que les funcione el ADSL por el que ya están pagando.
En fin, llegamos bien, seguimos vivos y veremos que nos depara la vida.
Desde el viernes a la medianoche estoy de vuelta en Buenos Aires. Llegamos bien, después de un viaje larguÃsimo, con espera de 7 horas en Madrid incluida (llegó un momento que me sentÃa Tom Hanks).
PodrÃa ponerme a contar montones de cosas sobre el viaje y mis primeros dÃas, pero la conexión a internet que hay en la casa de Geral, el lugar donde estamos viviendo hasta que nos acomodemos, es bastante limitada; y básicamente todavÃa no tuve ningún rato para conectarme tranquilo a ponerme al dÃa con internet.
En fin, no faltará ocasión, pero por ahora estoy dando muchas vueltas, reencontrándome con gente y acostumbrándome al horario, clima y esas cosas.
Sigo desconectado de todo menos del quilombo que supone hacer una mudanza transatlántica.
Desde el viernes no para de llover, cosa que no pasa casi nunca en Torrevieja. Y dado que no pasa casi nunca, para que gastarse en poner alcantarillas o algo. Por ende: desde el viernes esto está inundado.
En fin. Después de terminar el pequeño proyecto en el que estaba trabajando, y aunque no haya quedado tan lindo como lo habÃa presentado debido a cambios a pedido de los clientes (que al fin y al cabo, aunque tengan un gusto de mierda, son los que pagan) me quedaba lo de mandar por correo los paquetes grandes.
Conseguimos alguien que nos lleve al correo con las cajas, que tenÃan el monitor, los parlantes 5.1 y libros y varias cosas sueltas que metà por los huecos. Después de una hora de cola me dicen que el máximo es 20 kilos (cuando al preguntar dÃas antes no me habÃan dicho nada del lÃmite). Además no se puede mandar nada en una caja con letras y/o fotos. Entonces tuve que volverme con todo a casa, separar las cosas sueltas y meterlas en una nueva caja; forrar las tres cajas con papel de embalar y conseguir que alguien me lleve a correos otra vez con todo. Cuando me atendieron resulta que no puedo mandar el monitor porque pesa casi
21 kilos; o sea que por algunos gramos de más tengo un monitor de pantalla plana de 17'' para meterme por el culo.
Hoy es feriado y está todo cerrado. Me toca ponerme a armar la valija, cosa que me da una paja tremenda, pero bueno, no queda otra. Espero no tener muchos problemas por el equipaje en el aeropuerto.
En fin. El viernes a la noche (o sea, digamos el sábado) estoy en Buenos Aires. Esa noche me voy a lo de Geral, y el sábado al mediodÃa hacemos un almuerzo con las familias y esas cosas. Apenas pueda a ver si puedo escaparme a Caballito a ver a alguno de mis amigos... y ahora... a nadar de vuelta a casa.
Ayer, en mi primer dÃa libre
aprovechamos para ir al cine a ver The Incredibles, la última pelÃcula de Pixar.
Es genial. El argumento es muy bueno, pero la animación es de lo mejor que vi. Las texturas, los gestos, los movimientos... sobre todo los movimientos casuales de algunos personajes, como rascarse o acomodarse el pelo... es todo casi perfecto. La pelÃcula tiene muchÃsima vida, y deja atrás a otras pelÃculas donde todo parece artificial.
En fin, que estoy en un cyber y no tengo mucho tiempo, pero tenÃa ganas de comentarla un poco porque realmente salà muy contento del cine. El único defecto: las voces del doblaje. Además de que odio los doblajes, hay un par de voces que me parecieron patéticas, como la del personaje Mirage, que parecÃa que estuviese doblada 10 años antes que el resto... no sé... no encajaba para nada y sonaba mal... y las voces de los hijos no me gustaron nada.
En fin, probablemente la última pelÃcula doblada en español/españa que vea en mi vida... quién sabe...